Intervención en edificación existente frente a monumento patrimonio histórico UNESCO
La orientación poniente de la fachada era, al mismo tiempo, el mayor problema del proyecto y la clave de su solución. Con esa exposición, los locales del edificio prácticamente no se podían habitar: el sol de la tarde los convertía en hornos.
La respuesta llegó por niveles. Para el primer nivel, propusimos un volado que funciona como parasol, generando sombra propia y protegiendo los espacios de abajo. Para el segundo nivel, el reto era distinto: no bastaba con bloquear el sol, había que hacerlo sin sacrificar algo invaluable —la vista hacia Los Arcos, uno de los monumentos con mayor valor histórico de Querétaro. Ahí es donde entra la segunda piel: una fachada permeable que filtra la luz sin cerrar la vista.
No es un filtro cualquiera: su diseño nace de un mapa de calor de la incidencia solar en la fachada, que se traduce en un louver paramétrico cuyas lamas se abren o se cierran, se vuelven esbeltas o más amplias, según cuánto sol reciba cada punto del muro. El resultado es una piel que respira y se mueve con el sol, resolviendo la alta incidencia solar en ambos niveles sin perder, en ningún momento, el diálogo del edificio con uno de los símbolos más queridos de la ciudad.